En medio de un siglo atravesado por guerras y cambios, Sudáfrica acuñó una pequeña joya de plata que hoy carga más historia que peso: la moneda de 3 peniques del año 1943. Emitida en plena Segunda Guerra Mundial, esta pieza no solo servía como frágil engranaje económico, sino también como símbolo del cruce de culturas, lenguas e imperios en el extremo sur del continente africano.
En su anverso se impone la figura de Jorge VI, el rey británico que gobernó durante una era convulsionada. Su perfil, sobrio y estoico, mira hacia la izquierda mientras la inscripción en latín «GEORGIVS VI REX IMPERATOR» (Jorge VI, rey y emperador) deja en claro quién ostentaba el poder. Esta cara de la moneda nos recuerda que, aunque se usara en Sudáfrica, su autoridad era colonial, y su peso político, británico.
Pero es en el reverso donde la moneda despliega su verdadero corazón local. Allí florece el «Protea», una planta nativa de Sudáfrica y hoy símbolo nacional. La flor se alza en el centro, flanqueada por haces de madera decorativos y pequeños rosetones, todo rodeado por las leyendas «SOUTH AFRICA – SUID AFRIKA» —una dualidad lingüística que reconoce tanto el inglés como el afrikáans, los dos pilares coloniales del país. Abajo, la denominación “3d” (tres peniques) se inscribe con elegancia.
En solo unos milímetros de metal, conviven el Imperio Británico, la identidad sudafricana en gestación y el eco botánico de una tierra diversa. Una pieza que pasaba de mano en mano entre soldados, mineros, agricultores o jóvenes de Johannesburgo, sin saber que décadas después sería codiciada por coleccionistas como cápsula de un mundo desaparecido.
Detalles técnicos
- Nombre oficial: Threepence South Africa (1943)
- Valor facial: 3 peniques (Threepence)
- Año de emisión: 1943
- Composición: Plata 80%, cobre 20%
- Peso: 2,59 g
- Diámetro: 16 mm
- Diseñador: Percy Metcalfe (anverso), Kruger Gray (reverso)
- Menta: Pretoria Mint
Diseño y simbolismo
Jorge VI: símbolo del dominio británico en tiempos de guerra
Flor Protea: emblema de la identidad sudafricana, floreciendo incluso bajo el yugo imperial
Bilingüismo: un reflejo del complejo mestizaje cultural sudafricano
Un dato curioso
Durante la Segunda Guerra Mundial, muchas de estas monedas circulaban entre soldados sudafricanos enviados a combatir en el norte de África y Europa. Algunos las llevaban como amuleto, otros las fundían para hacer anillos o recuerdos para sus seres queridos. Hoy, cada una guarda no solo su valor numismático, sino también una carga emocional silenciosa de guerra, lealtad y transformación.
¿Ya está en tu colección? Porque sostener esta moneda es tocar el instante exacto en que una flor nativa desafió el peso de una corona.




